Sobre la energía eólica
en Catalunya

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El primer molino

Catalunya fue pionera en el desarrollo de la energía eólica en España. El 10 de marzo de 1984 se inauguraba y se ponía en marcha el primer aerogenerador -y uno de los cuatro primeros del Estado-, un hecho que marcó el nacimiento de la energía eólica moderna.

La instalación de este primer molino fue iniciativa de un grupo de personas con titulación técnica superior, vinculadas al pensamiento ecologista y la práctica de la tecnología alternativa. Estos empezaron a trabajar para hacer posible el nacimiento de una estructura empresarial cooperativa, con el objetivo de desarrollar tecnología para el aprovechamiento de las fuentes de energía renovables. Así nació Ecotècnia y el sueño de construir los primeros molinos de viento del Estado.

El prototipo, construido y diseñado en Catalunya por Ecotècnia, se instaló en el municipio de Vilopriu (Girona). Era un aerogenerador de tres palas con 12 metros de diámetro de rotor y una potencia nominal de 15 kW. Se trata de una capacidad de producción muy reducida en comparación a uno de los últimos aerogeneradores que se ha instalado en Catalunya, ubicado en El Palmar, que tiene una potencia de 3 MW, es decir, el equivalente a 200 molinos como el de Vilopriu. Un hecho que demuestra la importante evolución tecnológica que se ha vivido en los últimos años.

El proyecto fue pionero en todo el Estado, ya que de los cuatro primeros molinos que se instalaron en España, el primero en comercializarse fue el molino ampurdanés. Este prototipo se conectó a la red de forma alegal, ya que entonces no había ninguna normativa que regulase la instalación de infraestructuras para la producción de la energía eólica.

El primer molino

El primer parque

Otro día histórico para la energía eólica en Catalunya fue la puesta en marcha del primer parque eólico del Estado, que se ubicó en el municipio de Garriguella, en la provincia de Girona.

El parque, inaugurado el 9 de abril de 1984, estaba formado por cinco aerogeneradores promovidos por ENHER y la Generalidad de Catalunya, y tenían una potencia de sólo 24 kW cada uno.

El proyecto desarrollado en Garriguella era capaz de abastecer a 60 familias, mientras que ahora un solo molino de viento de los más potentes puede generar electricidad para 2.500 hogares.

Actualmente tanto en Vilopriu como Garriguella no quedan restos de los aerogeneradores que se instalaron. Esto pone de manifiesto la reversibilidad de la energía eólica, que no genera ningún residuo ni durante el funcionamiento de un parque ni una vez ha acabado su vida útil (unos 20 años).

Estos dos proyectos darían paso a una serie de iniciativas que permitieron a Cataluña posicionarse como pionera en el impulso de la energía eólica. Una situación de crecimiento que se detuvo en seco en 2009.

2009, todo se detiene

En 2009 la falta de una voluntad política decidida trajo consigo la parálisis de las energías renovables por un período de 10 años, con la implementación del Decreto 147/2009. Este supuso la imposibilidad de implementar nuevos proyectos, que se llevaron a otros puntos del Estado.

Esta parada tan larga ha posicionado a Catalunya a la cola del Estado en energías renovables. Actualmente solo el 1,8% de la potencia total en tramitación activa se ubica en territorio catalán.

2020, una perspectiva de futuro

Después de 10 años de parálisis, en 2019 se convalida el nuevo Decreto 16/2019 de las energías renovables. Este establece una herramienta normativa más apropiada para gestionar las necesidades, no de un sector, sino de una sociedad que va hacia la catástrofe climática.

El Decreto, que deroga al anterior, agiliza el proceso de tramitación, garantizando la participación de todos los ámbitos de la administración y enviando un mensaje de confianza para avanzar hacia un nuevo modelo energético con firmeza, permitiendo afrontar la situación de emergencia climática a través de la producción de energía limpia.

Actualmente a Catalunya se le exige un proceso acelerado de transición energética. Las necesidades de generación a partir de renovables en Catalunya ya están tasadas por la UE, el Govern y el Parlament. Son 400 MW anuales nuevos de energía eólica, para llegar al 2030 con un consumo renovable del 50%; y un 100% de cara a 2050.

La magnitud del reto es enorme si se tiene en cuenta que, desde 1984 cuando se puso en marcha en Vilopriu el primer aerogenerador del Estado, solo hemos sido capaces de instalar en Cataluña 1.270 MW eólicos y 276 MW fotovoltaicos. No es solamente un problema normativo, si no aceleramos y cambiamos el modo de proceder entre todos los actores, administraciones, y sociedad civil, no lo conseguiremos.

Actualmente nos encontramos probablemente ante la última ocasión que Catalunya tiene para alcanzar una soberanía energética a partir de renovables. Si no lo conseguimos, tendremos que transportar energía verde desde Aragón, una gran potencia en renovables, o de Francia, con redes de muy alta tensión que cruzarán el territorio. Sin la posibilidad de intervenir ni en el modelo ni en el precio; o aún peor, depender de unas nucleares envejecidas que aún generan más de la mitad de la energía que consumimos en Catalunya.

Tenemos una oportunidad ante nosotros. Miramos al futuro y no la dañamos.