Energía eólica flotante: oportunidad de oro para el futuro

Jessica Russo (NRDC)

En diciembre de 2021, el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica, aprobaba la hoja de ruta para el desarrollo de la energía eólica marina. La estrategia contiene 20 líneas de actuación con el objetivo de lograr, de aquí a 2030, entre 1 y 3 GW de eólica marina flotante y hasta 60 MW de otras energías marinas, como por ejemplo la de las olas o las mareas. Un programa que, de entrada, todo el mundo acogió favorablemente: tanto la industria como los colectivos ecologistas y el turismo.

Un éxito todo ello, pero con un pequeño inconveniente: la actualización, o mejor dicho, la necesidad de actualización del Plan de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM), totalmente obsoleto. Sin olvidar, está claro, la convocatoria de subastas para que las empresas puedan licitar los proyectos. Parece que la primera podría celebrarse a principios de 2023, al menos así lo expresó la secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen, recientemente. Por todo esto, las predicciones más optimistas señalan 2028 como la fecha en que podríamos asistir a la compleción del primer parque eólico flotante en aguas españolas. Difícilmente antes.

¿Los últimos serán los primeros?

España llega tarde al boom de la eólica marina y esto que se trata de una tecnología clave en la UE. De hecho, la Comisión Europea prevé que se pase de los actuales 12 GW a los 60 de aquí a 2030. Otros vecinos europeos como Alemania, Escocia o Dinamarca ya cuentan con parques eólicos marinos, pero a diferencia de estos países, las aguas del litoral español son muy profundas. Este rasgo particular complica la instalación de aerogeneradores de cimentación fija, con los cuales se puso en marcha esta revolución hace poco más de una década.

Por suerte, los rápidos avances tecnológicos en materia de eólica marina flotante ofrecen una solución al problema de la profundidad. Con 6.000 kilómetros de costa, sin apenas plataforma continental y bastante profundidad cerca de las playas, una industria naval potente y puntera, especializada justamente en la construcción de componentes destinados a la obtención de energía eólica, astilleros y grandes ingenierías, solo hay que poner al día la normativa y convocar las subastas oportunas. Con todo esto, España pronto podría acontecer un centro neurálgico para la fabricación de componentes y plataformas y liderar el despliegue de la tecnología eólica marina flotante a escala internacional.

Sorprende, cuanto menos, que siendo líderes en cuanto a tecnología y desarrollo de soluciones flotantes, no se disponga todavía de licitación. Pero esto, gracias a lo que se ha avanzado y a las perspectivas que abre la hoja de ruta, podría hacer que todo cambiara rápidamente. Los últimos en sumarse podrían ser, así pues, los primeros. Pero antes hará falta inversión, y bastante: entre 500 y 1.000 millones de euros, calcula el Gobierno, para potenciar las infraestructuras portuarias y unos 200 millones extra para I+D.

Un abanico de ventajas

Las reticencias que, como siempre, hay por parte de grupos ecologistas y de la industria turística, de momento, no tienen ninguna base fundada, puesto que sin subasta no se pueden concretar los proyectos. Todos los parques de los cuales ahora mismo se habla (el de Tramuntana, el de Cabo de Gata o el de Gofio), hoy por hoy, no son más que especulaciones. Pero en el supuesto de que se hicieran realidad en un futuro próximo, ofrecerían muchas ventajas en más de un sentido.

Medioambientalmente, como que se trata de estructuras flotantes, una vez finaliza su ciclo de vida útil se pueden desmantelar sin dejar huella ecológica. Las plataformas, incluso, podrían usarse como refugio para los corales. Un proyecto pionero que la compañía danesa Ørsted pondrá en marcha en Taiwán este mismo verano. Además, por las características particulares de la franja marítima española, los parques eólicos se ubicarían en 20-30 millas mar adentro. A esta distancia y con la curvatura de la Tierra, apenas se verán desde la playa y, por lo tanto, su impacto paisajístico se reducirá al mínimo.

Galicia, Cataluña, Andalucía y, especialmente, Canarias son las comunidades costeras con mayor potencial para el despliegue de la eólica marina flotante. Y las grandes empresas energéticas ya han empezado a posicionarse y a crear alianzas internacionales de cara a su boom inminente. Primero fueron dos gigantes, Repsol y Ørsted, quienes firmaron un acuerdo para identificar y llevar a cabo proyectos conjuntos de eólica flotante. Y poco después, Shell hacía lo mismo con la española Capital Energy. Otras muchas empresas, grandes y pequeñas, muy conocidas, tendrán también algo que decir. Parece que, más que nunca, los vientos soplan a favor de la eólica flotante.