Un paraíso renovable que enamora al inversor extranjero

En los últimos cinco años, el Estado español se ha convertido en uno de los principales polos de atracción para las grandes compañías energéticas europeas que buscan invertir en renovables. Vienen sabedoras del potencial que la energía eólica y la solar, en plena eclosión, les puede ofrecer. Cautivados por los cantos de sirena de las suculentas tasas de retorno, los gigantes energéticos de países como Francia, Italia, Alemania o Dinamarca ya han empezado a expandirse por el mercado ibérico. Una tendencia ésta de la, digamos, «colonización renovable» generalizada en todo el ámbito europeo.

La cuestión de fondo es que nadie quiere quedarse sin su porción de un pastel que hace muy buena cara. Y es que, tanto la eólica como la solar, andan sin muletas, es decir, sin las subvenciones que las impulsaron en los inicios, y las expectativas de crecimiento son anchísimas y muy seguras. La hoja de ruta oficial es muy clara al respeto: la potencia instalada de aerogeneradores se duplicará de aquí a 2030 y la de la fotovoltaica se cuadruplicará. Es más, las predicciones ya apuntan que estos objetivos se superarán pronto y con creces.

Tierra de viento, sol y mar

Pero, ¿por qué todo el mundo mira hacia aquí, de repente? Que hace sol y buen viento, esto todo el mundo lo sabe; no es ningún secreto. Pero, además, hay mucho terreno sin utilizar, perfecto para la instalación de parques eólicos y solares. A esto, hay que añadir que el viento y el sol de los cuales disfrutamos con tanta abundancia son activos muy tangibles y generan sustanciosos ingresos mensuales. Una oportunidad de negocio así, difícilmente se le escapa a nadie.

De hecho, hace tiempo que los inversores europeos entraron en la eólica terrestre. Hace menos de un año, la petrolera italiana Eni compraba una cartera importante al fondo Azora Capital; se materializaba así su primera inversión en materia de renovables en el territorio español. También la eléctrica escocesa SSE se hizo con una cartera considerable de activos eólicos que antes pertenecían a Siemens Gamesa, mientras que la francesa Engie adquiría empresas ya consolidadas como Eolia o Sofos Energía.

Pero la cosa no acaba aquí. Pues ha aparecido un innovador y muy prometedor ámbito de inversión: la eólica flotante. Y el Estado español, por la profundidad del fondo marino, es la única alternativa posible para poder instalar aerogeneradores en el mar. Se trata de una tecnología todavía en pañales, pero ya hay quién se ha postulado para desarrollarla: la compañía danesa Ørsted, una de las energéticas más grandes del Viejo Continente, conjuntamente con Repsol; la petrolera noruega Equinor, que cuenta con un aliado de dentro del país, Naturgy; y finalmente, Shell con Capital Energy.

Buscando la independencia energética

Ahora bien, el Gobierno central también se ha dado cuenta de la importancia que las fuentes de energía renovable suponen para la misma economía y como estas pueden ayudar a superar la dependencia energética de la cual la actual guerra en Ucrania nos ha hecho tan conscientes. Las energías renovables, desde la eólica al hidrógeno, se convierten en estratégicas para el desarrollo de una economía fuerte y de futuro. Después de comprobar que la mayor parte de las compras de megawatts renovables en los últimos meses han sido protagonizadas por grupos extranjeros, el Ejecutivo estudia la conveniencia de tomar medidas.

Además, según apunta el informe FDI Report 2022, que cada año elabora FDI Intelligence del grupo Financial Times, el pasado 2021 España fue el cuarto país del mundo que recibió más proyectos «greenfield» de capital extranjero. Por detrás, únicamente de los Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. Y por delante de potencias como China o Japón.

Por todo esto, el Gobierno ya se plantea establecer cuotas de mercado para las compañías foráneas en el campo energético, renovables incluidas. La idea es crear un sistema de precios de compra máximos a los cuales puedan acceder las empresas extranjeras. El Gobierno tendrá que autorizar cualquier inversión foránea que sobrepase una cuota del 10%. Y esto afectará muy especialmente las renovables, puesto que, como hemos visto, ahora mismo constituyen el reclamo inversor más grande. Habrá que esperar para ver como esta posible medida dibuja un panorama diferente, o no, del que empieza a esbozarse.