Sobre el consenso de la transición ecológica

Hay consenso en que estamos en medio de una emergencia climática y que es el mayor reto al que se enfrenta nuestra sociedad. También es unánime que, para afrontarla, hace falta un importante despliegue de generación energética renovable. Además, todos coinciden en que vamos muy tarde. Las divergencias están en el modelo. 

Antes de hablarlo, pero, hay que poner algunos datos sobre la mesa. Los objetivos de la Unión Europea, el Govern y el Parlament para el 2030 son cubrir el 50% del consumo eléctrico de Catalunya con renovables. Esto implica desarrollar más de 6.000 MW de fotovoltaica y 4.000 MW de eólica, a los que se supone una inversión necesaria de más de 9.500 millones de euros. Añadamos, además, que con un amplio desarrollo de autoconsumo, hoy testimonial, y una gran mejora de la eficiencia, sólo se cubrirá el 30% de la demanda eléctrica prevista para 2030. Ahora mismo, en Catalunya, hay instalados 1.270 MW de eólica y 345 MW de fotovoltaica, de los que menos de 70 MW corresponden al autoconsumo.

Otro inciso relevante. En 2009 la normativa que dificultaba instalar proyectos de más de 10 MW, no ponían trabas a los pequeños proyectos eólicos de proximidad. Pero, ¿Cuántos se han hecho en estos diez años? Un único aerogenerador de 2,35 MW, gracias al impulso de unos esforzados pioneros que lucharon para recoger el dinero necesario para poner en marcha este proyecto colectivo. Me gustaría pensar que todos los pro-renovables que reivindican el modelo de proximidad como única viable, son socios.

Cualquier propuesta de modelo de generación renovable que no vaya acompañada de datos realista es un ejercicio de populismo irresponsable y peligroso. Nosotros lo tenemos claro: todos los formatos serán necesarios, sean proyectos privados, públicos, cooperativos o comunitarios, pequeños o grandes. Además, para avanzar en la transición energética, será imprescindible el compromiso político y los recursos económicos para realizarlo.

Esta es la realidad. El apoyo financiero resulta imprescindible. Cualquier proyecto, de autoconsumo de gran alcance, tiene que prever una rentabilidad específica para captar recursos económicos, vengan de pequeños ahorradores cooperativos o de entidades financieras, públicas o privadas. Por lo tanto, cualquier propuesta de modelo ha de ir acompañada de mecanismo de financiación que permita su desarrollo.

Definido el modelo, el compromiso político ha de ser firme, sin fisuras. Las metas ya las sabemos, pero el camino debe ser claro, con indicadores que permitan validar el progreso y corregir las disfunciones. Esto es la antítesis de especular con el populismo vacuo. Y son las administraciones las que han de facilitar y controlar que se haga correctamente, sin arbitrariedad ni discrecionalidad. No podemos volver a perder una década.

El territorio es muy importante y la ciudadanía se merece que se la trate con respeto, con información veraz y de calidad, sin demagogia. Que los beneficios de la implantación de renovables reviertan en las comarcas que acogen los proyectos depende, precisamente, de los políticos y no de las empresas, personas o colectivos que los impulsan. Desde sus ámbitos de poder, han de decidir como redistribuir las importantes cantidades que ya se pagan para instalar y gestionar un parque eólico o fotovoltaico. 

Los políticos locales y la ciudadanía han de reclamar que se encuentren fórmulas par aun reparto más justo de los impuestos y las tasas derivadas de la implantación o explotación de renovables o de los que graban el consumo de esta energía verde. Hace falta exigir que al tributar, las empresas y la ciudadanía aporten en función de su balance de descarbonización y avanzar hacia una tributación verde real. Los territorios han de reclamar a los gobiernos que, al redistribuir el gasto público que tengan presente este balance para que les retornen los recursos que se merecen por su contribución a la lucha contra el cambio climático, ya sea con la generación renovable o las actividades agrarias y forestales.

También es necesario el compromiso de desplegar la eólica al territorio de forma equitativa a todas las comarcas donde se den las condiciones de viento adecuadas. Pero, es rotundamente falso que la tecnología hoy haga posible instalar aerogeneradores en cualquier lugar; como experto desde hace más de 20 años, os puedo asegurar que sería, además de ineficiente, una pérdida de dinero.

Tener presente el paisaje es, evidentemente, esencial. Un país con una economía descarbonizada en el s.XXI podrá optar entre dos paisajes: el de un país sostenible y soberano energéticamente con suficientes generadores eólicos y placas solares; o el de un país no sostenible ni soberano, cruzado por líneas de mu alta tensión para importar la energía eléctrica que necesita. No hay más.

Teniendo presente estas premisas y la urgencia para evitar el colapso de nuestra sociedad, ¿por qué no trabajamos juntos en el desarrollo de un modelo de transición energética lo más eficiente, equitativo y justo posible, que favorezca la ocupación y el progreso en las comarcas que la acogen? Si es así, contad con nosotros.