La revolución del hidrógeno verde y lo que significa para la industria eólica

El año 2020 fue un año de récords para la energía eólica. Fue la tecnología renovable con mayor presencia en el mix, responsable del 21,7% de la electricidad generada. Sin embargo, el viento no siempre sopla cuando más falta hace. Y es que la variabilidad en la generación es uno de los principales obstáculos para avanzar hacia la penetración masiva de las renovables en el mix eléctrico y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones establecidos a raíz del Acuerdo de París. Es por este motivo que actualmente el desarrollo de tecnologías de almacenamiento de energía se está acelerando de manera exponencial: baterías, bombeo hidráulico, hidrógeno. Y es sobre esta última solución de la que hablamos en este post.

La idea de utilizar el exceso de las energías renovables para producir hidrógeno está despertando un gran interés desde hace unos años. Y es que actualmente se considera una de las soluciones que pueden contribuir a acelerar la transición energética y la reducción de emisiones. La Hoja de Ruta del Hidrógeno, que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico aprobó en octubre de 2020, asegura que: «El hidrógeno renovable es una solución sostenible clave para la descarbonización de la economía «. El gobierno, que ha puesto como objetivo alcanzar la neutralidad climática con un sistema eléctrico 100% renovable antes de 2050, quiere integrar la exportación de hidrógeno renovable en la estrategia de recuperación económica post-Covid.

 

¿Qué hace que el hidrógeno sea verde?

Aunque actualmente la mayor parte del hidrógeno todavía se produce a partir de gas natural, un combustible fósil que emite CO2 cuando quema, el mismo proceso puede efectuarse utilizando electricidad renovable. Es lo que se conoce como hidrógeno renovable ‘o hidrógeno verde’, un cambio que está acelerando la descarbonización de la industria del gas.

Para producir hidrógeno renovable, o verde, se utiliza agua (H2O) como materia prima y como fuente de energía, una renovable. Para explicarlo fácil: se hace uso de la energía renovable para inyectar electricidad en la molécula del agua para separar el hidrógeno y el oxígeno que contiene. El oxígeno, la única emisión resultante, se libera a la atmósfera, mientras que el hidrógeno se almacena.

La tecnología P2G (power to gas) propone que la energía renovable sobrante durante los picos de producción se utilice para producir hidrógeno, que luego puede volverse a transformar en electricidad a través de las pilas de combustible, gracias a una combinación electroquímica con oxígeno, y utilizarse para impulsar vehículos u otras maquinarias. De este modo, el hidrógeno se convierte en una manera de almacenar energía.

 

El hidrógeno verde y la eólica marina

El uso del hidrógeno como solución de almacenamiento parece especialmente interesante para el sector de la energía eólica marina. Varias empresas del sector están ya desarrollando maneras para integrar electrolizadores (sistemas que descomponen el agua en oxígeno e hidrógeno) en las turbinas marinas, de manera que se agilice la producción de hidrógeno en los momentos de sobreproducción. Otros, como la empresa alemana de energía Tractebel, están estudiando la posibilidad de construir una planta de producción de hidrógeno en alta mar, no muy lejos de las turbinas eólicas de donde obtendría la energía para operar. Incluso se contempla la opción, como propone la británica Neptuno Energy, de convertir plataformas petroleras en estaciones de producción de hidrógeno verde, que se puede bombear hacia tierra firme a través de las mismas infraestructuras que actualmente transportan gas natural.

Este uso de los aerogeneradores se ha llamado «energía eólica híbrida», ya que además de enviar electricidad a la red, las turbinas se encargan también del proceso de electrólisis que permite generar hidrógeno. Aunque hace ya muchos años que se habla sobre la opción de producir hidrógeno verde en alta mar, es en la actualidad que la tecnología parece estar preparada. Los electrolizadores de hidrógeno a gran escala son cada vez más eficaces y accesibles, y al mismo tiempo los costes de la instalación de turbinas marinas han disminuido significativamente.

 

El entusiasmo que está despertando esta nueva función de la tecnología eólica responde en gran parte al reto de cumplir con los objetivos climáticos, pero hay otra razón importante: las oportunidades que ofrece para la reindustrialización y la recuperación de la economía en la era post-Covid. El hidrógeno podría convertirse en un nuevo producto de las empresas de generación renovable, aunque todavía es una industria joven, y muchos dudan todavía de la viabilidad y rentabilidad de estos sistemas a gran escala. En todo caso, de lo que no hay duda es que, para ser capaces de alcanzar el objetivo de ser neutrales en carbono, los países necesitarán combinar diferentes tecnologías y enfoques.