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Vida de un megavatio eólico

¿Cuál es el impacto medioambiental de un megavatio eólico o de un aerogenerador? Para conocer el impacto medioambiental de un producto o servicio, es necesario saber cuánto esfuerzo requiere en términos de materiales, energía, agua, gestión de residuos, etc. A lo largo del tiempo que exista: extracción, fabricación, vida útil, fin de vida…

En esto consiste la metodología Análisis de Ciclo de Vida (ACV), que permite tomar decisiones medioambientales sostenibles en cualquier proyecto, como un parque eólico, y verificar un producto o servicio bajo una Declaración Ambiental de Producto (EPD, siglas en inglés), una certificación estándar internacional que facilita información ambiental fiable, relevante y verificada, fundamental para establecer procesos de reutilización y reciclaje y mejorar la eficiencia de los parques eólicos.

La idea de fondo, entonces, es maximizar el uso y el aprovechamiento tanto de las materias primas como de la energía, y a la vez minimizar los residuos, vertimientos y emisiones. De este modo no sólo se desarrollan tecnologías y procesos con menor impacto ambiental, sino que se pueden diseñar sistemas de funcionamiento que suponen cada vez menos costes a lo largo del ciclo de vida, una práctica muy lógica también desde el punto de vista empresarial y clave para el desarrollo y generalización de la energía eólica.

Aerogeneradores, de la cuna al ataúd

El ciclo de vida de una estructura de gran envergadura como es un aerogenerador incluye numerosos aspectos ambientales. A lo largo de su vida útil, que dura unos 20 años, pasará por distintas etapas, desde la extracción de cada materia prima hasta su reciclaje o eliminación final. Estas fases –la obtención de la materia y fin de vida–, juntamente con la producción, son las más relevantes desde el punto de vista medioambiental.

Si al análisis del ciclo de vida de un aerogenerador sumamos las consideraciones correspondientes al impacto del parque eólico en el cual funciona, podemos deducir el impacto de un kWh. En este artículo, tomamos como ejemplo el documento “Análisis de Ciclo de Vida de 1kWh Generado por un Parque Eólico Onshore GAMESA G90-2.0MW”, realizado por la misma empresa en junio de 2013 con el objetivo de poder ser utilizado como caso tipo de un parque europeo.

Cuestión de tamaño

Dos aspectos fundamentales a la hora de calcular el impacto medioambiental de un parque eólico son la localización y las dimensiones.

La localización determina las condiciones de viento, un factor clave que influirá en la generación de energía a lo largo de la vida útil de un aerogenerador y por tanto en el resultado final del impacto de cada megavatio generado. Si en el emplazamiento del parque el viento es suave, se reduce la energía generada y aumenta el impacto medioambiental de cada megavatio.

Las dimensiones del parque, por otro lado, también tienen una gran influencia sobre el impacto, ya que hay infraestructuras que son comunas a todos los aerogeneradores, como la subestación eléctrica o el cableado subterráneo. Además, algunas actividades de mantenimiento se conducen de manera similar si se hacen para un solo aerogenerador o para un grupo más amplio.

Esto hace que en términos generales se considere más sostenible construir parques más grandes. O dicho de otro modo, cuantos más generadores se erijan, menor será el impacto medioambiental por megavatio de energía eólica generado.

El retorno energético, superado

La Tasa de Retorno Energético indica cuanto tiempo necesita un aerogenerador para generar la misma cantidad de energía que consumirá durante todo su ciclo de vida, y también hasta que punto lo amortiza.

En este estudio de Gamesa, se demuestra que a una turbina le cuesta menos de un año generar toda la electricidad que consumirá, mientras que su vida útil es de 20 años. Por tanto, este aerogenerador, considerado modélico, es capaz de construir 26,73 veces la cantidad de energía que consume.

Mantenimiento, recuperación y reciclaje, prácticas clave

Al ser la energía eólica un sector relativamente joven, no existen aun estadísticas sobre el desmantelamiento de aerogeneradores, ni suficiente acumulación de determinados residuos.

Según el estudio realizado por Gamesa, gracias a las medidas de protección ambiental, actualmente las fases de uso, mantenimiento y fin de vida de los aerogeneradores no son preocupantes: son las fases de fabricación y montaje de parques eólicos las cuales suponen el 90% del impacto medioambiental total del ciclo de vida de un megavatio eólico.

La principal razón que hace esto posible, explica el estudio, es el elevado índice de reciclabilidad de un aerogenerador modelo, que se sitúa en un 90,67%. Esta estimación está basada en el “Manual de reciclaje de aerogeneradores” realizado por AMBIO, que calcula porcentajes de reciclaje entre el 90 y el 99% para metales, plásticos y cables; del 50% para componentes eléctricos o electrónicos y del 0% para lubricantes, grasas, aceites, fibras de carbono y vidrio, pinturas y adhesivos.

Otra práctica clave es la recuperación asociada a la reparación de componentes que a menudo es necesario durante la fase de mantenimiento.

Escenarios de futuro

Según estimaciones del sector, hacia 2020 ya habrá en el mundo unas 50.000 toneladas de palas eólicas fuera de uso, una cantidad que se prevé que se cuadruplique hacia 2034. La gestión de este tipo de residuos es uno de los retos del sector que ya prepara escenarios para encarar una fase que representa la madurez de la industria.

En la tesis doctoral titulada “Análisis de ciclo de vida y aportaciones a la metodología del ACV para sistemas de generación eólica” del investigador de la Universidad de La Rioja Eduardo Martínez Cámara señala la importancia de innovar en este ámbito, así como la viabilidad de la reutilización y reciclaje de componentes y la repotenciación de parques eólicos.

Recientemente, el parque eólico “El Cabrito” de Tarifa, uno de los primeros del Estado, ha anunciado la aprobación de su plan de repotenciación. Paralelamente, avanza la investigación en los procesos de tratamiento de los materiales, en especial la fibra de vidrio de las palas eólicas, que permiten su reutilización y reciclaje. Debido al reciente desarrollo de la industria, el conocimiento de la fase de desmantelamiento y reciclaje es aun limitado. Mientras tanto, la práctica más común, juntamente con la incineración de las palas, es el reciclaje de las cenizas como material de construcción de carreteras o como aislante térmico en edificios.

Otra medida prevista es la ampliación de la vida útil de los parques eólicos, actualmente establecida en 20 años. Con la experiencia adquirida por el sector en las últimas décadas, una ampliación de entre cinco y diez años se considera viable. Un cambio en esta dirección influiría en los niveles de producción y, consecuentemente, en el impacto ambiental por megavatio generado.

Con todo, son retos que señalan la madurez del sector eólico, preparado para innovar, diseñar y gestionar integralmente una industria clave para la tan necesaria transición energética.

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