energies renovables | energías renovables

Renovables: Una apuesta estratégica para la salud pública y la economía

Los beneficios de avanzar hacia un sistema energético basado en fuentes de energía renovables va más allá del calentamiento global y la emergencia climática. Un reciente estudio del prestigioso MIT, publicado en la revista Environmental Research Letters, asegura que el valor económico asociado al impacto positivo de las renovables sobre la salud de las personas supera los costes generados por la transición energética. La apuesta por las renovables es también, pues, una cuestión de gestión de la salud pública y de economía.

Cobeneficios de salud

Producir energía quemando combustibles fósiles libera a la atmósfera unos contaminantes conocidos como partículas finas. Al respirar el aire contaminado, estas pequeñísimas partículas de HOLLIN pueden pasar a la sangre y ser absorbidas por el cuerpo, provocando posibles enfermedades en el corazón y los pulmones. En términos de salud pública, estas enfermedades generan un alto costo a los ciudadanos ya los Estados, que pierden productividad y competitividad en el ámbito global.

Esto es lo que en ciencia económica se denomina «cobeneficios de salud», es decir, beneficios colaterales para salud derivados de la implantación de las energías renovables.

Sumar y restar

Los resultados publicados por los investigadores del MIT señalan que el valor económico asociado a estos beneficios es tan elevando que compensa y sobrepasa los costes estimados para instalar suficientes sistemas eólicos y solares para cumplir con los llamados estándares de cartera renovable (RPS), ya vigentes los estados americanos de Pensilvania, Ohio, Wisconsin, Michigan, Illinois, Indiana, Virginia Occidental, Nueva Jersey, Maryland y Delaware.

El estudio estima que duplicar los actuales objetivos de energía renovable en estos estados hasta situarlos en el 26% tendría un coste de unos 9.000 millones de dólares, y generaría unos «cobeneficis de salud» de unos 20.000 millones. Además, también han calculado que en 2030 se generaría un beneficio de 94 dólares por cada tonelada de dióxido de carbono no emitido a la atmósfera, o de 8 céntimos por cada kilovatio hora de energía renovable.

Los resultados también concluyen que el cobeneficio de salud de poner un precio a las emisiones de carbono ascendería a unos 211 dólares por tonelada de CO2 evitada en 2030, una cifra que supone un 63% más que cuando se aplica el enfoque RPS. Podríamos decir, pues, que poner un precio al carbono es, según el estudio del MIT, la estrategia más efectiva para reducir emisiones.