Tres razones para creer en el boom renovable de China

El extraordinario crecimiento económico de China durante las últimas décadas la convirtió en la superpotencia que se considera hoy día. Pero este salto hacia delante también tenía una cara oscura: para mantener el ritmo imparable de crecimiento de la demanda energética, el país tuvo que recorrer a las únicas tecnologías de generación que tenía al alcance, todas basadas en combustibles fósiles y sobretodo en el carbón. En poco tiempo aconteció el mayor emisor de CO2 del mundo y la dependencia del carbón –su presencia en el mix energético del país llegó al 75% a finales de los 80- se hizo insostenible.

Hace años que China decidió dejar de ignorar el problema y ahora que empiezan a verse sus esfuerzos para revertir esta situación ya se ha hecho un nombre como el gran defensor de las energías renovables. Pero, ¿cómo de seria y fiable es esta apuesta?

Interés y recursos

El camino emprendido por China para decir adiós al carbón no es fácil ni será breve. Requiere mano dura y medidas estrictas, dos cosas que el régimen autoritario se puede permitir. El objetivo establecido en conseguir que un 20% de la energía consumida en 2030 procediera de fuentes de energía limpia ha llevado al gobierno a diseñar una hoja de ruta implacable para desterrar el carbón y sus consecuencias a base de energías renovables. El mejor ejemplo quizás sea Pekín, donde la última gran central eléctrica de carbón cerró el pasado mes de marzo. En 2016, el gobierno chino anunció para los siguientes tres años una inversión de 360.000 millones de dólares en energías limpias y, de hecho, ya el año pasado los recursos invertidos en el sector, correspondientes al 17% de la inversión global, convirtieron el país en el mayor impulsor de las energías renovables alrededor del mundo.

La contaminación, un problema real

La apuesta de China por la energía verde responde, al menos en parte, a la presión de una población harta de respirar un aire mortífero. El país encabeza el top10 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de los territorios con peor calidad del aire, ya que según datos del organismo, más de un millón de personas murieron en 2012 debido a la contaminación atmosférica. Mejorar la atroz calidad del aire de sus megaciudades ha acontecido un objetivo prioritario y estratégico para el gobierno chino.

Líder global, la guinda final

Después de encarnar durante años el peor caso de polución del mundo, el gobierno chino ha puesto en marchar medidas que ya han mejorado considerablemente la situación en muchos puntos del país. Una creciente inquietud y demanda pública, juntamente con el miedo al cambio climático han conformado un coctel de motivación para limpiar el aire de contaminantes que supera la de muchos otros países.

Un reciente informe de Greenpeace señala que el abuso en el pasado de las centrales de carbón ha dado lugar a un interés incontenible para desarrollar tecnologías renovables y calcula que actualmente en China, cada hora, se erige un molino eólico y se instalan tantas placas solares como para cubrir todo un campo de futbol. Evidentemente, el reto es todavía más grande. Según apunta Greenpeace, la falta de infraestructuras supuso el desperdicio de un 19% de la energía eólica generada durante los tres primeros trimestres de 2016. La fabricación de componentes en China, además, ha transformado de arriba abajo la industria de las energías renovables alrededor del mundo, garantizando en muchos casos los costes competitivos que han permitido a las nuevas tecnologías plantar cara a la generación eléctrica a partir de combustibles fósiles. Existe también una oportunidad de negocio global.

Hoy, China ya encabeza el ranking de E&Y de países más atractivos para invertir en renovables.  Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables, el sector ha generado ya un total de 3,64 millones de puestos de trabajo y si el gobierno sigue el plan establecido se calcula que en trece años China llegue a reducir sus emisiones de CO2 en un 54%.

Como guinda, después del histórico Acuerdo de París sobre el clima y de las reiteradas muestras de menosprecio del presidente norteamericano Donald Trump hacia la lucha global contra el cambio climático, China ha visto como una apuesta energética estratégica en el ámbito nacional ha acontecido también una oportunidad de liderazgo global. Cuanto más azúcar, más dulce.

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