¿Por qué Putin y Trump se toman a broma la energía eólica?

Los presidentes de Rusia y Estados Unidos comparten una afición, o tal vez una obsesión: se toman a broma la energía eólica. ¿O quizás es que les molesta?

El mundo ya está incluso empezando a acostumbrarse al estilo de Donald Trump, y su preferencia por los combustibles fósiles es bien conocida. Casi nos lo podemos imaginar como un Quijote a la americana, luchando contra molinos eólicos en su guerra personal contra la evidencia del cambio climático y la necesidad urgente de un sistema energético más limpio y sostenible.

A Trump lo recordamos hace unos años, cuando todavía era candidato a la Casa Blanca, llevando enfurecido un parque de energía eólica marina en Escocia ante la justicia por considerar que su presencia cerca de unos terrenos de su propiedad estorbaba sus negocios. Desde entonces, ha expresando en no pocas ocasiones su escasa simpatía hacia la energía del viento, e incluso ha llegado a acusar a los aerogeneradores de ser factores causantes de cáncer (la Sociedad Americana contra el Cáncer lo desmintió). Este verano, durante la cumbre del G7 en Biarritz, respondió así a una pregunta de Bloomberg sobre la crisis climática: «Somos el primer productor de energía en el mundo. No voy a perder esta riqueza en sueños, en molinos de viento, que, francamente, no funcionan tan bien ».

Ahora parece que Vladimir Putin, también Presidente de una potencia mundial de combustibles fósiles, se ha unido a las bromas de Trump.

Durante una conferencia en la ciudad de Ekaterimburgo, el presidente ruso puso en duda la viabilidad de las tecnologías de producción de energía eólica. “Todo el mundo sabe que la energía eólica es buena, pero quien se acuerda de las aves? ¿Cuántas aves están muriendo? “, Preguntó Putin al público. Y añadió: «(Los aerogeneradores) tiemblan tanto que los gusanos salen de debajo del suelo. No es ninguna broma, es una consecuencia de estas formas modernas de obtener energía ».

Un estudio publicado en el Journal of Integrative Environmental Sciences 2012 concluyó que las plantas de generación de energía a partir de combustibles fósiles matan aves como consecuencia de los procesos de excavación, o por colisión, electrocución o envenenamiento. «Este artículo pone en evidencia que la energía nuclear y los sistemas de producción de energía basados ​​en combustibles fósiles también tienen un coste ambiental», apunta el autor Benjamin Sovacool, investigador de la Universidad de Sussex. «Por lo tanto, como fuente de energía de bajas emisiones y poco contaminante, un amplio uso de la energía eólica puede salvar muchos animales salvajes, particularmente aves, al desplazar otras fuentes de electricidad más dañinas».

El mismo investigador ya había apuntado en un estudio anterior, de 2009, en los que utilizaba datos de Europa y los Estados Unidos, que a pesar de que los parques eólicos eran responsables de aproximadamente 0,3 aves por cada gigavatio hora generado, esta cifra contrastaba con las 5,2 muertes por gigavatio hora causadas por las plantas de generación basadas en combustibles fósiles.

El impacto de las tecnologías de producción eólica sobre los ecosistemas y en particular, las aves, es una cuestión de máxima importancia que la industria estudia desde sus inicios. En general, actualmente se considera que el impacto de los aerogeneradores puede mitigarse significativamente simplemente evitando situar los parques a lo largo de las rutas migratorias o en espacios donde las aves acuden para alimentarse o reproducirse.

En todo caso, tenemos delante una amenaza a largo plazo mucho más alarmante tanto para las aves como para el resto de seres vivos, incluidos los humanos: el cambio climático. Y la energía eólica, a estas alturas, es una herramienta fundamental para tratar de detenerlo.

Con suerte, y a pesar de los ataques de líderes políticos mundiales como Trump y Putin, la energía eólica avanza en el mundo. Incluso en Estados Unidos, donde los estados de la costa este tienen previsto instalar casi 20 GW de capacidad eólica marina hasta 2035.