Nadando a contracorriente: la triste situación de la eólica en España

¿Cómo ha evolucionado el sector de la energía eólica en España en los últimos años? ¿Qué ha aportado en la economía? ¿Cuáles son las perspectivas de futuro? Son las preguntas que trata de responder el informe La Eólica en la Economía Española: 2012-2015, elaborado por la consultora Deloitte para la Asociación Empresarial Eólica (AEE).

Son años oscuros para la eólica. Los datos de instalación de potencia en el estado son contundentes: 370 MW el 2013, 18 MW el 2014, 0 MW el 2015. Este último ha sido descrito por la propia AEE como «el año más negro de la eólica en España», y el 2016 no pinta mucho mejor. Desde el 2008, año en el que la AEE comenzó a publicar el estudio, la incertidumbre regulatoria ha afectado profundamente al sector, especialmente a partir de la reforma eléctrica de 2013.

Esta situación ha servido para demostrar la resiliencia y seriedad de muchas empresas y profesionales. Según apunta el estudio, la actividad del sector se ha centrado en “la operación y mantenimiento de las instalaciones existentes, la exportación de equipos y servicios y el desarrollo de negocio en el extranjero”. Gracias a las exportaciones y a una estructura competitiva de los costes, los fabricantes han conseguido compensar los efectos de la “inexistente demanda interna”. Aún así, esta situación, advierten desde AEE, “no es sostenible s largo plazo y urge tomar medidas”.

¿Subasta renovable o cortina de humo?

Así las cosas, a la industria eólica le importa más bien poco la próxima subasta de renovables, prevista para el primer trimestre de 2017, que a menudo se percibe desde el sector como una cortina de humo por parte del gobierno para no tomar medidas serias.

Ya en la subasta celebrada en 2015, la primera tras el fin de la moratoria a la instalación de la nueva potencia renovable privada, se licitaron 500 MW a la eólica que aún no se sabe si finalmente se instalaran debido a las dudas sobre la retribución. El nuevo concepto de rentabilidad razonable ha comportado una preocupante reducción de los ingresos de los productores de energía eólica.

“En 2014 y 2015 los ingresos totales de eólica ascendieron a 3.202 millones de euros, lo que representa un descenso del 23% respecto a los ingresos del 2012-2013”, apunta el estudio. Y añade: “las dificultades que atraviesa el sector se están reflejando en la pérdida de valor de los activos y los cambios de propiedad de los mismos, a la vez que entran en juego nuevos actores, como el fondo de inversión”.

Un futuro ambicioso

Mientras tanto, las renovables están en auge a nivel mundial y la eólica bate records históricos. Según otro informe de Consejo Mundial de la Energía Eólica  (GWEC) Global Wind Energy Outlook 2016, el más optimista desde que se elabora el estudio, “la eólica terrestre es hoy por hoy una de las fuentes más competitivas de generación eléctrica, con proyectos que ofrecen la electricidad a un precio tan bajo como 4 céntimos de dólar el kWh”. Según las previsiones del GWEC, en 2030 la energía eólica podría suministrar hasta un 20% de la electricidad mundial, crear 2,2 millones de nuevos puestos de trabajo, reducir las emisiones de CO2 en más de 3.300 millones de toneladas anuales, y atraer una inversión de unos 200.000 millones de euros al año.

España no puede seguir nadando a contracorriente. En un momento de ineludible transición energética hacia la descarbonización, los estados tendrán que ir cumpliendo los objetivos establecidos, tanto en los Acuerdos de París como en las directivas europeas. Los más inmediatos, como señala el informe de la AEE, son los objetivos de la Unión Europea (UE) en materia de consumo de energía final con fuentes renovables, que tiene que llegar al 20% antes del 2020. En 2030, los países de la UE tendrán que llegar conjuntamente a un  mínimo del 27% del consumo a través de las renovables. Estos objetivos colectivos dejan espacio a los estados para imponerse metas más ambiciosas, como ya están haciendo en Francia y Alemania. España, dice el estudio, también estaría en posición de asumir objetivos más allá del mínimo, y situarse así en posición de ventaja en el mercado que ya está abriendo el nuevo modelo energético.

Desde EolicCat hemos expresado reiteradamente demandas de actuación para reactivar el sector, entre las que destacan la necesidad de modificar el mapa de implantación eólica para habilitar zonas de más de 3.200 horas equivalentes y emprender una modificación de la legislación que permita desarrollar nuevos proyectos de parques eólicos de más de 10 MW. Estas demandas están recogidas en el documento “Oportunitats per a Catalunya d’un major desenvolupament i òptima implantació de l’energia eòlica en l’horitzó de l’any 2020”.

A pesar de todo, la eólica estatal aún mantiene una posición competitiva en el ámbito internacional. Esperamos que los gobiernos estatal y catalán sepan reaccionar a tiempo para conseguir aprovechar las ventajas competitivas desarrolladas en el pasado, y garantizar la proyección futura del sector.