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Marrakech establece las claves para el cumplimiento del Acuerdo de París

“Nuestro clima se está calentando a un ritmo alarmante y sin precedentes, y tenemos la deuda urgente de responder”. Así comienza la Proclamación de Acción resultante de la 22ª sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marc de Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático (COP22), clausurada en Marrakech la semana pasada. Diez días después de la inquietante elección en Estados Unidos del negacionista del cambio climático Donald Trump, la respuesta de la comunidad internacional parece más clara: más compromiso y más acciones para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.

El Acuerdo de París firmado aun no hace un año durante la COP21 fue llamado ‘histórico’ tanto por el ambicioso objetivo establecido (“mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los dos grados centígrados respecto a niveles preindustriales”) como por el número de firmantes, 192 países, que lo convirtieron en un acuerdo verdaderamente internacional. A pesar del miedo de una eterna prórroga, el acuerdo entró en vigor sorprendentemente rápido el pasado 4 de noviembre (el protocolo de Kyoto tardó más de siete años). Pero el objetivo central del Acuerdo de París requiere mucho más que palabras y buenas intenciones. Requiere acciones y protocolos concretos a seguir. Este era el objetivo de la cumbre de este año en Marrakech, avanzar hacia la implementación de los compromisos establecidos en París.

Mucho antes que 2020

Los gobiernos de alrededor del mundo representantes en la cumbre no sólo han reafirmado su compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares para destinar a la lucha contra el cambio climático, sino que han alzado una voz ‘unánime’ para pedir ‘más acción climática’ “mucho antes de 2020”. Además, para mandar un mensaje de confianza que garantice el éxito del proceso, los participantes han fijado un corto plazo, hasta 2018, para finalizar el conjunto de normas de aplicación del Acuerdo de París.

Uno de los resultados más destacados de la cumbre en este sentido ha sido la fundación de la llamada Asociación NDC. Las siglas NDC, que a partir de ahora veremos a menudo, hacen referencia a las “Nationally Determined Contributions”, es decir, los compromisos climáticos que cada país asumió voluntariamente bajo el Acuerdo de París. La nueva plataforma, que incluye países desarrollados, países en vías de desarrollo e instituciones internacionales, velará por ofrecer soporte a los países para facilitarles el cumplimiento de los objetivos, con la colaboración del sector privado.

Pero esta no es una misión sólo de los gobiernos, avisa la ONU en su comunicado, y hace un llamamiento a la sociedad civil y a las empresas para unir fuerzas. En este sentido, la cumbre ha visto nacer no pocas iniciativas que dan razones para celebrar, entre ellas, la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global, que tiene por objetivo una hoja de ruta que explique cómo se dará soporte a los gobiernos y a otros actores no gubernamentales de diferentes sectores económicos y sociales.

Alianza Mundial para las Tecnologías Limpias

El papel de las energías renovables para avanzar hacia el cumplimiento de los compromisos de reducción de emisiones ha estado evidente en los debates que han tenido lugar durante dos semanas en el país africano. El resultado es la Alianza Mundial para las Tecnologías Limpias, impulsada por la Fundación Impulso Solar. El objetivo es crear sinergias dentro del sector de las tecnologías limpias que ofrezcan soluciones rentables para los retos del clima y dar soporte a los gobiernos y al mundo empresarial para avanzar hacia sistemas energéticamente más eficientes y sostenibles.

Durante estos días se han establecido también acuerdos subnacionales que refuerzan los objetivos internacionales, como la Under2 Coalition, un grupo de 165 gobiernes comprometidos en reducir emisiones al menos un 80% dentro de tres años, o el Foro de Vulnerabilidad Climática, que reúne más de 40 países vulnerables comprometidos, entre otras cosas, en conseguir que el 100% de su energía renovable entre 2030 y 2050.

Entre las palabras y la acción, un abismo

Entre las palabras y la acción, aun queda un abismo que, en caso de superarse o no, harán toda la diferencia. No son pocas las voces escépticas que advierten de la dificultad  de llegar a un nivel de acción suficiente como para tener el impacto deseado sobre el clima y detener las consecuencias de la explotación insostenible de los recursos naturales.

España es un ejemplo para el escepticismo. A pesar de la reciente ratificación del Acuerdo de París y la representación del gobierno en Marrakech, la actitud hacia sectores clave para el cumplimiento de los objetivos como los de las energías renovables deja mucho que desear. Una prueba de esto es la posición del Estado en el índice de Acción Climática 2017, elaborado por la ONG GermanWatch y la coalición europea Climate Action Network (CAN): España ha descendido 10 posiciones en sólo tres años “por falta de acción” para combatir el cambio climático.

Pero no todo son malas notas. El informe PwC Low Carbon Economy Index, que analiza el progreso de cada país hacia el cumplimiento de sus objetivos de reducción de emisiones ha remarcado que España cuenta con uno de los valores de intensidad energética (relación del crecimiento económico con el aumento de emisiones) más bajos del mundo. Un dato nada malo que se ha conseguido gracias, entre otras cosas, al incremento de la contribución de las renovables al mix energético en las últimas décadas.

Aun estamos, pues, bien posicionados en la carrera hacia la nueva economía de bajo carbono. Con la voluntad política necesaria y el soporte del sector privado y de la sociedad civil, aun estamos a tiempo de recuperar el liderazgo en la inevitable transición hacia un modelo energético más limpio, más sano y más sostenible aquí y en todo el planeta.