Los relatos del viento

Hace unos días, la Asociación Empresarial Eólica anunciaba los mejores relatos de la octava edición del concurso de microcuentos, de los que finalmente salió ganador el texto ‘Nuevos Vientos’, de Laura Fernández. Seguidamente os mostramos algunos de los mejores relatos de este año.

Aún sin ella – Mª Cristina Monge Alonso

Me ajuste el arnés y entre en la cabina. El ligero traqueteo me mecía mientras repasaba la secuencia de pasos. Sentía el frío de la mañana como un velo de escarcha haciéndome anhelar, aún más si cabe, el calor de sus brazos esa noche. El elevador paró, crucé el angosto acceso atento a asegurar cada paso, como siempre. Me acerqué a la trampilla arrastrando cierta pereza; era mi primera vez en aquel sitio remoto rodeado de montañas de vastos bosques. Al asomarme la belleza de aquel paisaje me hizo enmudecer y me sentí feliz por estar allí, aún sin ella…

El molino de mi abuelo – Fermín Balaguer Calpe

Todos los días ayudaba a mi abuelo Armando a acomodarse en su sillón favorito frente al ventanal. Allí, miraba las montañas y rememoraba sus andanzas por el pueblo. También fijaba su atención en los aerogeneradores que culminaban con su silueta el paisaje. Siempre emitía su informe: —Hoy ruedan todos. —Van muy lentos, que no sopla apenas. Tenía uno favorito, el que estaba colocado encima de su finca El Corralico, decía que no fallaba nunca. Un día, algo me preocupó. Su predilecto estaba parado, él parecía dormido; pero su mano estaba helada. Su molino interior también se había detenido.

Mi ojito derecho – Ángela Sánchez Nagy

Le oye acercase poco después del alba, suave, dulcemente. Aún medio dormida, atusa su cabello con el peine de tres palas. Bosteza al tiempo que se estira largamente por las líneas de distribución.

−Estás preciosa, mi niña, con ese traje de luz −le dice su padre con cariño−. Mírate en el espejo del cielo. Y el viento y la energía, felices, bajan a jugar y correr juntos por el parque eólico.

Viento, límpiame, libérame – Rosa Mª de la Fuente Merino

El sol, hoy no quiso despertarme dejando entrar sus rayos por mi ventana, era un día gris por dentro y por fuera. Las lágrimas estaban en posición de salida y yo sin más me puse a andar, sin rumbo con el objetivo de que pararan. Andando llegué delante de los gigantes, pesados y robustos, me detuve, el viento chocaba fuertemente en mis mejillas, y de repente dejé que al igual que ellos permitían que el viento moviera sus aspas para crear vida yo iba a dejar que él me limpiara, que se llevará todo aquello que hace mi día gris.

El viejo gigante blanco – Gonzalo de Paz Sardón

Bajo la mirada de un molino de viento, un anciano esperaba el autobús resignado a comenzar otra vida lejos del pueblo. El viejo gigante blanco se despidió de su amigo, moviendo los brazos y ululando. En el viaje, lágrimas de despedida acompañaron al anciano; lagrimas que ocultó cuando su hijo lo recogió. Al abrir la ventana de su nueva morada el anciano vislumbró un ejército de aerogeneradores girando simultáneamente. Sintió las caricias del viento que, unas veces enérgico, otras suave, pero siempre perpetuo, nunca dejaría de soplarle. Entonces sonrió, incluso lejos, podía escuchar la voz del viejo gigante blanco.

La fuerza de la vida – María Vañó Vicent

Viento, que con tu fuerza mueves mis brazos, creando la energía necesaria para suministrar la corriente de la subsistencia humana. Tú me ayudas a crear magia, dando luz y calor a los hogares. Sin ti, mi función no tendría sentido. Sería como un simple palo con ramas y no un molino de viento. Juntos formamos el equipo perfecto. Sopla fuerte, tanto que mis aspas no dejen nunca de girar. Y no pares, no te detengas nunca. Si lo haces, la vida se detendrá contigo.

¿Qué ser? – Laura Pérez Peña

No seamos fuego, pues eso de los límites nos cuesta y acabamos quemándonos. Tampoco seamos agua, porque corremos el peligro de volvernos fríos, inhumanos. Mucho menos ser tierra, pues nunca nadie ha contado grandes historias amarrado a una sola raíz. Pero sí podemos ser molinos de viento. Y cómo, te preguntarás. Convirtiendo las circunstancias en nuestra maquinaria, transformando el ambiente que nos rodea en nuestra propia energía eólica, sabiendo interpretar la vida a nuestro favor. Debemos ser limpios, con conciencia. Inagotables, sin dejar de luchar. Debemos renovarnos, pero manteniendo nuestra naturaleza. Todavía podemos ser libres, es hora de ser viento.

Los gigantes del viento – Madai Curbelo Rodríguez

Más razón que sinrazón tenía Don Quijote. Un gran visionario, pues tantos siglos después, los molinos sí que son gigantes. Son titanes de gran envergadura, tribraquios casi inmutables y de armadura firme. ¡Ay, si estuviera Sancho! Cómo explicarle la realidad, cómo explicarle que no son luchadores de contienda, sino combatientes de carácter bonachón que no buscan la entropía. Son gladiadores por mar y por tierra, que engullen el aire del viento transformando la energía, perenne y limpia. ¡Ay Sancho, si pudieras ver a través de mis ojos! Ya no solo están los molinos de los Campos de Castilla.

Ningún viento pasado fue mejor – José Luis Guerrero

Carnicero Cuenta una leyenda que los personajes del insigne Cervantes, cobraron vida en la actualidad. Camino de Barataria, Sancho vió unos molinos eólicos y, se temió lo peor. Apretó con fuerza sus rodillas en los lomos de su rucio y miró de soslayo a su señor. Don Alonso, que había ganado en serenidad y sabiduría, desde que hallara a la bella Dulcinea, sonrió y, con su habitual tono solemne, dijo: “No temáis, buen Sancho, estos gigantes solo desean hacer el bien. Transforman el viento en energía positiva para las gentes”. Sancho se arrellanó tranquilo en su montura y siguieron camino.

El relato ganador

Nuevos vientos – Laura Fernández Salvador

La cola de la taquilla daba la vuelta a la manzana.

El primero compró un billete a ninguna parte. Y el segundo, y el tercero…

—Deme un billete a ninguna parte —y así, uno tras otro. Tras horas de venta al público llegó una persona con un periódico bajo el brazo. —¿Tiene algún billete disponible a un mundo mejor?

—¡Por supuesto señor!

Cogió su ticket y dejó allí su diario.

El siguiente pudo leer la portada: “Los fuertes vientos del nuevo planeta hacen que la energía eólica sea la esperanza”.

Por suerte los billetes al mundo mejor eran ilimitados.