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¿Lograremos los objetivos mundiales de energía establecidos por el 2030?

¿Vamos por el bueno camino en cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por el 2030? Parece ser que a pesar de los avances, la respuesta sería no, según las conclusiones del estudio Tracking SDG7: The Energy Progress Report, publicado conjuntamente por las cinco agencias clave en el sector: la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Agencia Internacional de la Energia Renovable (IRENA), la División de Estadística de las Naciones Unidas (UNSD), el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se trata del estudio más amplio realizado hasta ahora sobre el progreso mundial en los objetivos globales relacionados con las energías renovables, la eficiencia energética, el acceso a la electricidad y los métodos limpios de cocina.

Las renovables no llegan a sectores clave

A pesar de observar avances importantes, especialmente en la expansión del acceso a la electricidad en países en vías de desarrollo y la expansión de las energías renovables, en términos generales el informe muestra datos decepcionantes. Las renovables, por ejemplo, crecen en el sector eléctrico, pero no en el transporte y los sistemas de calefacción, dos sectores clave que conjuntamente representan el 80% del consumo mundial de energía.

Aun así, se observan señales de esperanza en las experiencias particulares de cada país, y cada vez hay más ejemplos de cómo con políticas energéticas adecuadas, los países pueden avanzar significativamente en la introducción de las energías renovables, la universalización del acceso a la energía y la mejora general de las condiciones de vida de la población.

Cinco conclusiones renovables

El estudio destaca cinco conclusiones principales en cuanto al desarrollo de las energías renovables:

– El 17,5% del consumo total de energía final al mundo procede de fuentes renovables desde 2015. De este, aun así, el 9,6% corresponde a formas modernas de energía renovable (hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica), mientras que el resto corresponde a usos tradicionales de la biomasa.

– Si calculamos a partir de las políticas existentes en la actualidad, se espera que las tecnologías renovables modernas crezcan hasta el 15% y que la cuota renovable logre el 21% en 2030, unas cifras que a pesar de demostrar el progreso realizado, no están a la altura de los objetivos de ODS7.

– Las tecnologías eólicas y solares ya compiten, gracias a la rápida caída de los costes, con las fuentes de generación convencionales en muchas regiones del mundo. Eso ha hecho crecer significativamente las renovables en el sector de la electricidad hasta llegar al 22,8% en 2015. Aun así, el estudio recuerda que la electricidad representó tan solo el 20% del consumo total de energía final, y destaca la urgencia de acelerar el uso de energía limpia en el transporte y la calefacción, ya que representan el 80% del consumo mundial de energía.

– Las cifras son buenas, pero no suficientes. Aunque la participación de las renovables en el transporte crece con rapidez, parte de una base muy baja y asciende a tan solo el 2,8% al 2015. En cuanto a la calefacción, por contra, el uso de renovables apenas se ha incrementado en los últimos años, y en 2015 se situaba en el 24,8%.

– La apuesta de China para las renovables des del 2010 ha hecho que en 2015 se registraron casi un 30% del crecimiento absoluto en el consumo de energía renovable en el mundo. Brasil, por su lado, fue el único país entre los 20 mayores consumidores de energía en superar significativamente la participación renovable mediana en todos sus usos finales: electricidad, transporte y calefacción. Destaca también la participación del Reino Unido, donde las renovables crecen a una media de 1% anual desde 2010, una cifra más de cinco veces mayor que la mediana mundial.

La eficiencia es la clave

Según ha publicado la AIE en ocasiones anteriores, más de un tercio de las reducciones de emisiones necesarias para lograr los objetivos climáticos establecidos en el Acuerdo de París  deben ser el resultado de políticas de eficiencia energética. Así, ¿vamos por el buen camino hacia el horizonte 2030 en términos de eficiencia? De nuevo, el estudio Tracking SDG7 observa un progreso importante pero insuficiente.

Una señal indudablemente positivo en este sentido es la creciente evidencia de la desvinculación entre crecimiento económico y uso de energía, como hemos explicado anteriormente en el artículo Buenas noticias: las emisiones de CO2 se desvinculan del crecimiento económico. El producto interior bruto (PIB) mundial creció casi dos veces más rápido que el suministro de energía primaria entre 2010 y 2015.

La intensidad energética (la relación de energía utilizada por unidad de PIB), disminuyó globalmente a un ritmo del 2,8% en 2015, la reducción más importante desde 2010. Aun así, el ritmo mediano anual del 2,2% registrado en el periodo 2010-2015 queda lejos del objetivo de 2,6% necesario para cumplir los objetivos de eficiencia establecidos. Además, este progreso es lento y las regiones con menos ingresos y con una intensidad energética superior a la mediana mundial.

Un dato particularmente esperanzador es la reducción de la intensidad en el sector de la energía industrial, el de mayor consumo, que se sitúa en un 2,7% de mediana anual desde 2010. El progreso en el transporte, por contra, es más modesto y constituye uno de los mayores desafíos actuales para los países desarrollados.

Un camino ambicioso

La energía, como dijo Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en la presentación del informe, “debe ser al corazón de cualquier esfuerzo para conducir al mundo por un camino más sostenible”. Y añade: “Existe una necesidad urgente de actuar en todas las tecnologías renovables y de eficiencia energética, que son clave para lograr tres objetivos fundamentales: acceso a la energía, mitigación del clima y menor contaminación del aire”.

Por su lado, el director general de IRENA, Adnan Z. Amin, ha señalado que “este informe es un señal importante de que debemos ser más ambiciosos para aprovechar el poder de la energía renovable para lograr el desarrollo sostenible y los objetivos climáticos, y tomar más medidas para conseguir un futuro de energía sostenible”.