Energía limpia, un pilar fundamental de las ciudades inteligentes del futuro

Las ‘smart cities’, o ciudades inteligentes, constituyen uno de los conceptos de moda: todo el mundo habla de ello. Y no es para menos: con una población mundial en constante aumento, y una creciente concentración en las zonas urbanas, la gestión de los núcleos urbanos, con todos los retos, es la pieza clave para construir una sociedad sostenible donde los ciudadanos puedan vivir una vida sana y agradable. Las ciudades son a la vez el problema y la solución en estos tiempos de lucha contra el cambio climático.

Pero, ¿qué hace inteligente a una ciudad? Con el auge de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la conectividad y la digitalización de la vida, cada vez más se asocia la idea de ‘smart city’ al desarrollo de tecnologías de aire futurista, con pantallas en todos lados, que puede dar lugar a aplicaciones bien lustrosas y “a la última moda” que no siempre contribuyen a mejorar el espacio público urbano y las vidas de los ciudadanos.

Al fin y al cabo, saber cuántos minutos faltan para que llegue el bus (cuando estás en la parada) es una comodidad anecdótica. En cambio, un sistema de transporte público no contaminante y silencioso, gestionado con la aplicación de las TIC, que permite respirar aire limpio durante todo el día y no tener que sufrir el ruido del tráfico, es uno de los avances más inteligentes que se pueden hacer en una ciudad. Y es sólo un ejemplo.

La ciudad inteligente es, pues, multidimensional, y requiere la intervención y la cooperación de sectores tan distintos como la arquitectura, el urbanismo, la biología, las TICs y, evidentemente, la energía.

Ciudad inteligente, energía inteligente

En Europa, las ciudades ya acogen el 68% de la población, según datos de la Comisión Europea, y hacia 2050 se prevé que se llegue al 85%. Los habitantes de las zonas urbanas concentran el 70% del consumo de energía y emiten el 75% de los gases con efecto invernadero. Encontrar respuestas a la gestión energética urbana significa abordar gran parte del problema, no sólo en cuanto al cambio climático, sino también a otros retos históricos como la dependencia energética y la accesibilidad de los medios de transporte.

En este sentido, los edificios y otras estructuras urbanas tendrán un papel clave en la producción descentralizada de energía renovable: con sus terrados y fachadas permanentemente expuestas a la luz solar, al viento y a otros fenómenos naturales, podrían funcionar, como apuntan proyectos de investigación actuales, como en centrales eléctricas, captando, almacenando y distribuyendo la energía a través de una microred eléctrica inteligente.

Una ciudad interconectada

La ciudad inteligente es de toda evidencia una ciudad conectada, donde los avances de las TIC, llamado ‘big data’ permiten sofisticados sistemas de recogida, análisis y gestión de datos que pueden mejorar la eficiencia de todo tipo de recursos y servicios urbanos.

Desde el punto de vista energético, la alianza de los ordenadores con la producción de energía renovable puede dar lugar a sistemas interactivos en los que la energía se produce de manera diversificada para aprovechar todas las oportunidades de generación que ofrece el entorno urbano, y se distribuye a través de una eficiente microred inteligente según la producción y la demanda. Un sistema mucho más eficiente, flexible y fiable de proveer energía que el actual, ya que entre otras cosas evita grandes distancias entre puntos de producción y centros de consumo, evitando así que por el camino se pierda energía.

La idea de fondo, pues, es crear sistemas autorregulados y autosuficientes, basados en el modo de funcionar de los organismos en el entorno natural.

Todo por la eficiencia

La eficiencia es el rasgo más característico de una ciudad inteligente. De hecho, es la razón por la cual las propias ciudades existen. Más allá de pensar en producir energía, desarrollar soluciones que aprovechen al máximo la energía disponible, natural o producida, y reducir al mínimo el derroche se erige como una cuestión esencial en el nuevo modelo urbano.

Es este el argumento principal que hay detrás de grandes ámbitos de investigación tecnológica, como las redes eléctricas inteligentes, la producción distribuida o los sistemas de almacenamiento de energía eléctrica.

No es un sueño

No son pocas las ciudades de alrededor del mundo que han conseguido el objetivo de cubrir el 100% de su demanda energética con fuentes renovables.

El distrito alemán de Rhein-Hunsrück, como otras ciudades del país, es desde hace años un caso modélico. Una vez asumida la meta 100% renovable, la administración ha dibujado un nuevo horizonte aun más ambicioso: incrementar la producción de energía es típicamente el primero paso de un plan de estas características, convertir lo que solía ser un gran gasto económico en una fuente de ingresos y de trabajo local es un paso final.

El gran cambio que viene

El gran cambio que representa el ideal de la ciudad inteligente es quizás la mejor caracterización de la transición hacia un sistema energético eficiente y limpio, hacia espacios urbanos donde el ruido y el humo tóxico del tráfico no serán más que un mal recuerdo del pasado.

Reformar el sistema a este nivel de profundidad no es un reto fácil, como tampoco lo es conseguir el soporte de administraciones y ciudadanos, ni el cambio de mentalidad y de hábitos de consumo a todos los niveles que este supone. Pero estamos haciendo historia, y nunca es sin esfuerzo que se hace la historia.