Los datos del viento: panorámica de la eólica en Europa y en el Estado

El 2020 ha llegado como una nueva etapa de compromiso sostenible para avanzar hacia la transición energética y conseguir así la tan necesaria descarbonización de la economía. De momento, la Unión Europea ha fijado un objetivo del 35% de energías renovables para el 2030, un hito en la que la energía eólica tiene un papel principal. ¿Llegaremos? ¿Cuál es el ritmo actual de instalación? Repasamos las cifras más recientes de la industria eólica en Europa y en el Estado.

La eólica europea crece, pero no tanto como sería necesario

Con un total de 205 GW, la eólica europea ha superado el hito de los 200 GW de potencia instalada y ya cubre el 15% de la demanda de electricidad de Europa. Según el balance 2019 de la asociación empresarial europea WindEurope, el año pasado el parque eólico continental creció en 15,4 GW: 11,8 de energía eólica terrestre y 3,6 mar adentro.

Esta cifra supone un 27% más de la potencia instalada en el año anterior y un 78% de este incremento corresponde a España. Sin embargo, a pesar de celebrar este avance, la asociación ha advertido de que este ritmo de crecimiento no es suficiente, ya que estima que, para poder alcanzar los objetivos fijados en el Green Deal europeo, habría que añadir un mínimo de 30 GW cada año.

El reparto por países es desigual. El 67% de potencia eólica instalada en Europa se encuentra concentrada en cinco países, entre ellos España, con 2,3 GW, es el segundo con mayor potencia eólica por detrás del Reino Unido (2,4 GW). Alemania, que históricamente ha sido el principal impulsor de la generación eólica en el continente, ha caído en tercera posición con 2,2 GW, seguida de Suecia (1,6 GW) y Francia (1,3 GW).

España: primer país europeo en potencia eólica

En 2019, se instalaron 2.243 MW eólicos en todo el Estado, una cifra que multiplica por cinco la de 2018 y supera la de ningún otro país europeo, según datos recogidos por la Asociación Empresarial Eólica (AEE). Con estos, España suma actualmente un total de más de 25.700 MW eólicos instalados, distribuidos en casi 21.000 aeogeneradores situados en los 1.205 parques del territorio. Todos juntos, cubren el 20,8% del consumo eléctrico estatal.

¿Dónde están estos parques? Actualmente, la energía eólica está presente en casi todas las comunidades autónomas (excepto Madrid, Ceuta y Melilla), pero las que más megavatios eólicos instalaron el 2019 son Aragón (1.102 MW), Castilla y León (461 MW) y Galicia (416 MW). Los centros de fabricación, sin embargo, están por todas partes, repartidos por dieciséis de las diecisiete comunidades autónomas. Respecto a las empresas fabricantes de aerogeneradores, las más activas son Siemens Gamesa, Vestas, GE, Nordex-Acciona Windpower y Enercon, que en conjunto acaparan el 98,05% de la potencia instalada.

Según el reciente informe de Ember (la antigua Sandbag) Global Electricity Review, la electricidad generada a partir de la energía eólica creció un 12% interanual el 2019 en todo el mundo. A pesar de haber pasado tantos años sin hacer ninguna instalación, gracias a la remontada de 2019 España no sale mal parada. Con 55 TWh, el estudio sitúa el Estado como séptimo país del mundo que más energía eólica produce, por detrás de China (405,7 TWh), los Estados Unidos (300,1 TWh), Alemania (126,4 TWh), Reino Unido (65,3), India (63,3) y Brasil (56).

Hacia el futuro

Como tecnología madura de generación limpia y de bajo coste, la eólica tiene un papel fundamental para la transición energética. Además, ofrece no pocas externalidades positivas, como la creación de puestos de trabajo o el posicionamiento del Estado como líder tecnológico internacional con una cadena de valor competitiva.

Sin embargo, para la integración de la eólica y de las energías renovables en general empuje la transición energética, habrá que hacer más esfuerzos. A corto plazo, el sector necesita que se avance en aspectos técnicos y regulatorios clave como la regulación del acceso y la conexión a la red, la reforma del sistema de subastas, el repotenciamiento de parques o la regulación de la hibridación y el almacenamiento.

Hay, en resumen, un nuevo enfoque que permita planificar y garantizar una inversión continuada en las redes eléctricas, para el que poner en funcionamiento ambiciosos planes estatales de Energía y Clima será fundamental.