Wälderhaus, edificis intel·ligents, edificios inteligentes

Edificios energéticamente eficientes

¿Qué hace que un edificio sea inteligente? Los edificios del futuro combinan dos grandes áreas tecnológicas que definen la dirección del desarrollo social y económico de las próximas décadas: las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y la gestión eficiente de la energía.

Los llamados “edificios sostenibles” son la última moda en arquitectura. Esta tendencia recupera el sentido común de las costumbres que en el pasado aprovechaban al máximo la energía natural a través del diseño y los materiales de construcción, y las combinan con avanzadas tecnologías de gestión de datos y sistemas automáticos que optimizan, con una mínima intervención humana, la manera en que se usan los recursos energéticos.

Una ciudad interconectada

El concepto “big data” ha dado lugar a la llamada ciudad conectada, donde las TIC permiten sofisticados sistemas de recogida, análisis y gestión de datos. El objetivo es convertir los entornos urbanos en espacios eficientemente regulados para mejorar tanto la sostenibilidad medioambiental como la calidad de vida, y hacer frente al cambio climático. La idea de fondo es crear sistemas autorregulados basados en el modo de funcionar de los organismos  en el entorno natural.

Desde el punto de vista energético, una ciudad conectada se traduce en un sistema interactivo en el cual la energía se produce de modo diversificado para aprovechar todas las oportunidades de generación que ofrece el entorno urbano, y se distribuye a través de una eficiente red inteligente según la producción y la demanda.

En este sentido, los edificios juegan un papel fundamental. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, una construcción más inteligente nos permitiría recortar significativamente y de forma rentable las emisiones de gases con efecto invernadero. Sean residenciales como oficinas o de servicios, los edificios son responsables generalmente de aproximadamente un 40% de los recursos energéticos y emisores de un tercio de los gases en las ciudades desarrolladas.

Los edificios como centrales eléctricas

En el reto de construir una ciudad viva y conectada intervienen multitud de industrias y disciplinas científicas, desde la biología o la química a la nanotecnología.

Los edificios no sólo tienen un amplio margen para mejorar en términos de ahorro de energía, sino que pueden contribuir activamente a la producción descentralizada de energía limpia y renovable.

En Reino Unido, el Centro de Ingeniería de Productos Sostenibles para Revestimientos Industriales Funcionales e Innovadores (SPECIFIC, en sus siglas en inglés) ha sido fundado recientemente con el objetivo de promover las funciones de los edificios como centrales eléctricas. La investigación innovadora en diseño y materiales de construcción podría permitir, por ejemplo, que azoteas y fachadas, permanentemente expuestos a la luz solar, captaran, almacenaran y distribuyeran energía.

El edificio más sostenible de España

Un buen ejemplo de edificio sostenible es la sede de la Oficina de Armonización del Mercado Interior de la UE (OAMI), en Alicante. El edificio ha obtenido la máxima clasificación del certificado internacional de construcción sostenible BREEAM, que lo reconoce como el más sostenible de España, Portugal e Italia, toda una referencia en el ámbito internacional.

Entre muchas otras cosas, la sede de la OAMI consume un 70% menos de CO2  que otros edificios de las mismas características, y cuenta con un sistema de gestión centralizado que permite un control total del consumo energético.

Otros referentes de edificios energéticamente sostenibles son la sede del ICTA-ICP, de la UAB, que ganó hace unos meses el Premi Catalunya Construcció del Col·legi d’Aparelladors de Barcelona (CAATEEB), el EspaiZero de Wattia, primer centro 100% energéticamente autosuficiente del Estado, o el Ecoedificio de Manlleu, sede de la empresa de arquitectura sostenible Lavola.

No se trata de una utopía futurista. Actualmente existen tecnologías y proyectos que avanzan en esta dirección, pero hasta ahora las dinámicas de mercado no han facilitado el desarrollo y la generalización. Sin embargo, esto podría estar a punto de cambiar si el reciente acuerdo mundial por el clima de París funciona realmente como punto de inflexión hacia un modelo energético eficiente, limpio y sostenible.