COP 21 Acord de París

Acuerdo de París: poco a poco, hacia la descarbonización

Habemus Acuerdo de París. Parecía imposible, pero finalmente la Cumbre del Clima de París, la COP21, ha dado como resultado un histórico tratado jurídicamente vinculante y firmado por un récord de 196 países que se han comprometido “a mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados respecto a los niveles preindustriales y perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados”.

La COP21 ha vuelto a mostrar la complejidad de las negociaciones entre países con intereses muy distintos. A pesar de que el cambio climático y la contaminación ya son percibidos ampliamente como  riesgos reales a los cuales hay que encontrar solución, la resistencia a un cambio de modelo energético y económico aún está muy presente, especialmente en países con fuertes industrias vinculadas a los sectores energéticos tradicionales.

Esto ha hecho que se pase de hablar de una ambiciosa transición hacia la “descarbonización de la energía” —una expresión que ha desaparecido del texto— a una más modesta transición hacia una “economía de bajas emisiones”, que ha permitido un compromiso más amplio. Ahora los países que aún no lo han hecho deberán presentar los compromisos nacionales que entrarán en vigor en 2020, y el acuerdo se ratificará la próxima primavera.

Un acuerdo histórico legalmente vinculante

Una de las cuestiones clave del acuerdo era si sería un texto jurídicamente vinculante y, por lo tanto, de obligado cumplimiento, o una simple declaración de intenciones, lo que afectaría seriamente a su impacto real. Para garantizar la firma de Estados Unidos, que no podía aceptar un texto vinculante, la solución ha sido una pirueta jurídica según la cual el acuerdo será legalmente vinculante, pero no la decisión que la acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones. No habrá sanciones, pero sí un mecanismo transparente de seguimiento del cumplimiento de los compromisos de cada país.

Hablar de ‘descarbonización’ sin nombrarla

La idea de fondo es que las emisiones lleguen a su máximo lo antes posible, y que a partir de entonces se tomen medidas para conseguir una reducción rápida. No obstante, los grupos ecologistas se han mostrado críticos con el hecho de que el acuerdo no especifica estas reducciones. Aunque en versiones anteriores se habló de recortes de entre el 40% y el 95% para el año 2050 respecto a los niveles de 2010, estas referencias desaparecen en la versión final.

Para definir el objetivo a largo plazo finalmente se ha optado por la expresión “equilibrio de emisiones”, que ha sustituido al término más ambicioso de “descarbonización de la energía”, e incluso otras expresiones más suaves como “neutralidad climática” o “neutralidad de emisiones”. La idea es conseguir cero emisiones netas antes de siglo, es decir, “un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” durante la segunda mitad de siglo, ya sea de forma natural o con tecnologías de captura y almacenamiento geológico de CO2.

Además, el acuerdo reconoce que los países en vías de desarrollo serán más lentos en conseguir estos objetivos. La exigencia de un tratamiento diferenciado para países en vías de desarrollo, liderada por China e India, ha sido uno de los puntos conflictivos de las negociaciones, ya que actualmente estos países son responsables de buena parte de las emisiones globales. Finalmente, el texto habla de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”.

Las grandes industrias emisoras, excluidas

Aunque en un principio la Unión Europea lo había erigido como uno de sus objetivos, finalmente la aviación y el transporte marítimo, dos de los sectores industriales que más gases de efecto invernadero emiten, han sido excluidos del acuerdo.

A pesar de suponer el 5% y el 3% de las emisiones mundiales (el equivalente a las que generan el Reino Unido y Alemania juntas), los sectores comerciales más fuertes parece que aún consiguen eludir su responsabilidad en la lucha común contra el cambio climático. En este sentido, los grupos ecologistas dudan de que se pueda conseguir limitar la subida de las temperaturas si estos sectores no se comprometen.

La solución es el viento

Justo después de la aprobación del acuerdo, Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, dijo: “los mercados ya tienen una señal bien clara”. Se refería a las renovables, que se ven como las grandes aliadas de los países firmantes para cumplir los objetivos del pacto.

Todo apunta que el nuevo tratado impulsará las renovables alrededor del mundo. Según la Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena), para cumplir con el compromiso establecido en París, es necesario que en los próximos 15 años se duplique la instalación de fuentes de energía limpias, lo que significaría una inversión de unos 900.000 millones de dólares hasta el año 2030. En este sentido, Stefan Gsänger, secretario general de la WWEA (Asociación Mundial de la Energía Eólica, en sus siglas en inglés), considera que París ha asumido el uso del 100% de la energía renovable como normal.

La energía eólica, como otras energías renovables, ha sido protagonista de no pocas discusiones en París, como una tecnología que ha pasado rápidamente de ser un nicho de mercado a formar parte del mix energético en países alrededor del mundo.

Durante la cumbre, la Unión Europea ha liderado el debate sobre la eólica con la campaña Solution Wind, que se ha centrado no sólo en explicar la eficacia de esta energía para ayudar a los países a cumplir sus compromisos en la lucha contra el cambio climático, sino también en su rentabilidad y en las oportunidades de negocio y desarrollo económico que ya genera.

A día de hoy, las empresas que escogen la energía eólica lo hacen por pura lógica empresarial y, 70 de los países que presentaron planes de acción en París, de Burkina Faso a Turquía o Uruguay, reservaron un papel clave a la eólica como herramienta de mitigación. Algunos incluso han especificado objetivos en cifras, como Bangladesh (400 MW); China (200 GW en 2020),  India (60 GW en 2022) o Marruecos (14% en 2020).

Un punto curioso es que a pesar del liderazgo de los países europeos, el plan de acción presentado por la Unión Europea no incluye ninguna referencia a las renovables.

¿Es suficiente?

Aunque el futuro tratado internacional se ha considerado un éxito político, no son pocos los que desde el ámbito ecologista, activista y científico no están completamente satisfechos y alertan sobre la indefinición de objetivos y medidas. Otras organizaciones más centradas en cuestiones humanitarias han denunciado que el acuerdo, a pesar de hablar de un sistema de financiación a los países más pobres y vulnerables a las consecuencias del cambio climático y de un mecanismo de compensación por pérdidas y daños, no incluye medidas concretas de ayuda.

El Acuerdo de París es, entonces, el primer paso. Ahora hace falta caminar.

En la web de Naciones Unidas se puede descargar el texto completo del acuerdo en castellano.

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