La eólica en 2016: una Europa dividida

12.500 megavatios de potencia añadida, con una inversión total récord de 27.500 millones de euros. Son las cifras más llamativas del informe Wind in Power. 2016 European Statistics, que la asociación eólica europea, WindEurope, ha publicado recientemente. Unas cifras históricas que denotan la madurez de la industria del viento, pero que no evaden sus inquietudes por la falta de apoyo político.

El paisaje que presenta la organización europea es el de una Europa dividida en política energética,  con países que apuestan fuerte por la transición energética y países que parecen hacerse los despistados. Como ya comentamos recientemente en el post Nadando contracorriente: la triste situación de la eólica en España, el Estado español estaría dentro de la última categoría.

Un año de récords

Los parques eólicos europeos representaron  por primera vez más de la mitad de la capacidad instalada, y la energía eólica pasó a ser la segunda fuente de energía en la Unión Europea después del gas, superando así el carbón.

Europa llegó así al final del año con una potencia eólica acumulada de 153,7 GW (153.700 MW), de los cuales 141,1 GW corresponden a la energía eólica instalada en tierra y 12,6 GW a la instalada en parques eólicos marinos o offshore. Con esta potencia, que ya supone el 17% del total de potencia eléctrica, el parque eólico europeo pudo cubrir el 10,4% de la demanda eléctrica global de la UE.

Otro récord que apunta el informe es el auge de la eólica offshore, las inversiones en la cual han asumido en 2016 una cifra histórica de 18.200 millones de euros. El proyecto más importante en este sentido es el parque de Gemini, cerca de la costa de Holanda, recientemente conectado a la red, que cuando esté acabado será el segundo parque eólico marino más grande del mundo. Por detrás de Gemini está Gode Wind-1 y 2, en Alemania, y el proyecto Westermeerwind, también en Holanda.

La eólica europea ya es, pues, una industria plenamente madura, de la cual ya dependen unos 330.000 puestos de trabajo, y que produce miles de millones de euros en exportaciones.

La política es clave

Son cifras récord que no pueden sino tener una lectura positiva. Asimismo, aún quedan muchos motivos de preocupación en la industria del viento. “Las cifras de instalación tienen buena pinta, y las cifras de inversión son muy buenas, pero en un panorama más a largo plazo, tan solo 7 de los 28 países de la UE tienen políticas y volúmenes claros en vigor para el período posterior al 2020”, recuerda Giles Dickson, director ejecutivo de WindEurope. Y añade: “Hoy vemos menos ambición política para las energías renovables que hace cinco e incluso tres años, en todos los estados miembros”.

“La política es clave, especialmente cuando el sector se plantea a largo plazo”, insiste el ejecutivo de WindEurope, que pide más ambición y seriedad más caminar hacia la transición energética, tanto en el ámbito de los estados como de la Comunidad Europea. En otros obstáculos, Dickson señala la transición des de las feed-in tariffs (las primas) en las subastas, que ha sido “menos tranquila de lo que se esperaba”, de la cual España es un ejemplo. Según el ejecutivo, hay disfunciones en los mercados que no favorecen el sector eólico, y resulta preocupante la ausencia de señales de precio a largo plazo, un elemento fundamental para dar coraje a las inversiones.

Una Europa dividida

El informe de WindEurope dibuja un paisaje de desigualdad entre los países miembros, que abordan la transición energética a diferentes velocidades.

El 44% de la nueva potencia conectada al 2016 corresponde a Alemania, el líder absoluto europeo, que ya genera tres veces más energía eólica que cualquiera de los otros estados miembros. Bastante por detrás de Alemania se encuentran Francia, Holanda, Finlandia, Irlanda i Lituania, los cuales han superado sus mejores registros nacionales de la nueva instalación (Francia, 1.600 MW; Holanda, 887; Finlandia 570; Irlanda, 384; y Lituania, 178).

Capacidad de la eólica al 2016

Por otro lado, España, Portugal, Italia y Grecia, que durante la época de los 2000 impulsaron buena parte del crecimiento del sector, ahora han pasado a aportar tan solo una pequeña fracción de las nuevas instalaciones.

El panorama, pues, es que cada vez son menos los estados que aportan cantidades importantes de nueva energía eólica a la red eléctrica. El desequilibrio es alarmante, ya que, como recuerda Dickson, “más de la mitad de los estados miembros no invirtieron nada en energía eólica el año pasado”.