Geopolítica de las renovables: implicaciones de la transición energética

Las nubes de la duda se han disipado: la energía del futuro es renovable, limpia y sostenible. La transición energética a la que el histórico Acuerdo de París dio el impulso definitivo, ya está en marcha. A medida que dejan su función marginal de lado, y se convierten en una apuesta seria y ambiciosa de generación de energía limpia y autóctona, las renovables están provocando cambios profundos en elementos tradicionales de las relaciones internacionales como la seguridad energética y el reparto de poder entre las distintas regiones del mundo.

¿Cómo está afectando el ascenso de las renovables a las dinámicas de la geopolítica mundial, en las que la energía siempre ha tenido un papel clave?  Los retos están ahí, y no son pocos, pero la generalización de las tecnologías de energía renovable podría suponer un factor clave no solo para la protección de nuestro entorno, sino también para la estabilidad de las relaciones internacionales.

Limpias e igualitarias

El modelo energético basado en las energías fósiles nos ha llevado a un escenario con no pocos inconvenientes. Más allá de ser insostenible y destructivo des del punto de vista medioambiental y del cambio climático, la lucha por el control de un bien limitado y desigualmente repartido como el petróleo ha sido en la historia reciente una de las principales fuentes de tensión en las relaciones internacionales, y demasiado a menudo ha conducido a conflictos y a crisis humanitarias por todo el mundo.

En este sentido, las energías renovables son, al menos en esencia, considerablemente más igualitarias. Las fuentes de energía limpia como el sol o el viento, a diferencia del petróleo, el gas, el uranio o el carbón, están diseminadas por todo el planeta y son en muchos sentidos más accesibles para todos los pueblos, sea cual sea el nivel de desarrollo.

Energía es poder

Las dinámicas geopolíticas tradicionales, en las que la energía ha sido clave a lo largo de la historia, han jugado también su papel clave a favor de la energía renovable. Un ejemplo es el caso de Europa del Este, donde muchos países que tratan de alejarse del control de Rusia están invirtiendo en energías renovables como una alternativa del gas natural ruso, que les permite reducir su dependencia energética, y por tanto política, de Rusia.

A pesar del carácter en esencia más accesible de las energías renovables, hay nuevas desigualdades que aparecen en el nuevo panorama energético de la transición hacia una energía descarbonizada. Una desigualdad obvia es el conocimiento tecnológico que permite la fabricación, instalación y gestión del equipamiento y las infraestructuras necesarias para convertir elementos de la naturaleza como el viento y el sol en energía disponible para el uso humano.

Aún así, estas tecnologías son mucho más accesibles que las grandes infraestructuras e inversiones que requieren los combustibles fósiles o la energía nuclear, y muchos países en vías de desarrollo ya están transformando su programa energético gracias a las renovables, una cuestión que ya hemos comentado en artículos anteriores en este blog («¿Cómo pueden las energías renovables ayudar a los refugiados?»; «¿Cómo puede cambiar el mundo la generación aislada de electricidad renovable?») .

Nuevo paisaje, nuevos obstáculos

Hace poco más de 15 años, las tecnologías renovables eran consideradas prohibitivas en términos de coste con respecto a las tecnologías de producción energética tradicionales. Los avances en el desarrollo y la fabricación de la última década, asimismo, han supuesto una importante evolución en términos de eficiencia, seguridad y precio.

A pesar de ello, el ritmo acelerado de desarrollo actual no está libre de obstáculos. Algunos de los materiales necesarios para la construcción de tecnologías clave, como por ejemplo las turbinas eólicas o las baterías para los vehículos eléctricos, son escasos y solo se encuentran en un puñado de países.

Para utilizar el ejemplo de las turbinas eólicas, los imanes utilizados en los aerogeneradores contienen neodimio, un elemento químico que forma parte de las llamadas «tierras extrañas». El 90% de las reservas de estos minerales proceden actualmente de China, una situación de monopolio que, en un contexto de creciente demanda, podría generar problemas en los países fabricantes e incluso crear nuevas situaciones de dependencia energética o altibajos en los precios internacionales debido a las inseguridades en el suministro.

Así se ha ido dibujando un nuevo paisaje geopolítico que ya genera dolores de cabeza a lo largo de todo el mundo tanto a fabricantes, preocupados por el control de precios, como a gobiernos, que tratan de evitar nuevas formas de dependencia energética.

Nuevos flujos de capital

Según datos de la consultora BNEF, en 2015 las energías renovables marcaron un récord histórico de inversiones en todo el mundo: 371.900 millones de dólares, un 4% más con respecto a 2014. El Acuerdo de París estableció una ruta a seguir para los gobiernos de los más de 190 países firmantes, y el efecto de las políticas energéticas nacionales e internacionales que vienen y vendrán ya han tenido un impacto visible en los mercados financieros. Una señal inconfundible de que los inversores globales ven ventajas competitivas en movilizar capital para la transición energética.

Esta redirección de los flujos de capital hacia la energía limpia ha resultado en un soporte generalizado a las tecnologías bajas en carbono, una tendencia que se espera que continúe acentuándose. Como ya comentamos en el artículo «Cambio climático: la necesaria transición del sector financiero», productos financieros como los llamados préstamos verdes o los bonos verdes, emisiones de deuda privada o pública que utiliza el fondo en proyectos de mitigación o adaptación al cambio climático, ya empiezan a proliferar, y según datos de BBVA, el año 2016 la emisión de bonos verdes en los Estados Unidos llegó a los 80.000 millones de dólares americanos, una cifra que representa casi el 50% del mercado de bonos verdes emitidos a lo largo del mundo desde 2007.

Las renovables abren un abanico de oportunidades, es cierto, pero no son ninguna panacea. Habrá oportunidades y retos. Es de nuestra responsabilidad asegurar que las renovables no se conviertan solo en un sector competitivo más, sino también en una herramienta que de paso a nuevos niveles de cooperación entre las regiones del mundo. Este espíritu será el que finalmente determinará el impacto de la transición energética de las relaciones internacionales.