Los efectos del cambio climático en Catalunya en 4 puntos clave

Se trata de un tema del que se discute desde hace décadas, y que por fin parece moverse desde que a finales de 2015 se aprobó el histórico acuerdo internacional por el clima de París. Pero, ¿cómo está afectando el cambio climático en Catalunya?

Para responder a esta pregunta de forma exhaustiva y rigurosa acaba de publicarse el Tercer Informe sobre Cambio Climático en Catalunya (TICCC), un extenso documento elaborado por 140 científicos y expertos técnicos coordinados por el catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona (UB) Javier Martín Vide, e impulsado por el Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible de Catalunya (CADS), el Departament de Territori i Sostenibilitat (Oficina Catalana del Canvi Climàtic i Servei Meteorològic de Catalunya) y el Institut d’Estudis Catalans (IEC). Porque, como dice el President Carles Puigdemont por presentar el estudio, “la toma de decisiones requiere información relevante y de cualidad, y también el diálogo y el trabajo conjunto entre científicos y decisores públicos y privados”.

No hablamos en abstracto. De estos cambios en el clima que se prevén, “se derivan impactos sobre la disponibilidad del agua, sobre la demanda energética y la producción de energía de origen renovable, sobre la agricultura y la ganadería, sobre los ecosistemas terrestres acuáticos, sobre el turismo y otras actividades económicas, etc.”, como advierte el informe. En el post de hoy resumimos en cuatro puntos los efectos más importantes del cambio climático que los expertos han observado en nuestro territorio.

  1. Adiós, invierno

En Catalunya, la temperatura media ha subido 1,55 °C desde 1950, y unos dos grados desde 1900. Este cambio aparentemente insignificante desde el punto de vista cotidiano ya está teniendo efectos importantes. En Catalunya, está previsto un aumento de la temperatura de cómo mínimo 1,4 °C hasta e año 2050, un dato que nos sitúa por encima de la media mundial como al resto de los territorios de la cuenca mediterránea.

Pirineu en Catalunya

El informe advierte que el aumento de las temperaturas se hará notar especialmente en el Pirineo, donde las nieves perpetuas ya han desaparecido, y durante el verano. Las predicciones no dibujan un escenario sin inviernos ni heladas, pero sí que indican que los episodios del frío extremo serán menos frecuentes y viviremos más a menudo puntas de calor extrema, y períodos de sequía más recurrentes y más largos. En los últimos años, por ejemplo, ya han comenzado a registrarse en Barcelona lo que se denomina como ‘noches tropicales’ o ‘noches tórridas’, cuando los termómetros no bajan de los  20 °C o 25 °C respectivamente.

  1. Esta playa se encoge

El efecto más conocido de la subida de las temperaturas en el aumento del nivel de mar, una consecuencia directa del deshielo de los polos y de los glaciares, así como de la expansión que sufre el agua al calentarse.

L’Estartit, en el Baix Empordà

En Catalunya, la población del Estartit, en el Baix Empordà, se utiliza como referente porque hay datos disponibles desde 1974. Allí, los expertos han determinado que el nivel de mar sube unos 3,6 centímetros cada diez años. El efecto visible de este fenómeno, junto con las tormentas marinas, es el cambio en las superficies de las playas, cada vez más erosionadas. Según el profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) Agustín Sánchez- Arcilla, coautor de TICCC, las playas catalanas ya pierden entre 60 y 90 centímetros anuales. “Incluso manteniendo la configuración costera actual”, señala, “será necesario plantear medidas de actuación adicionales para un porcentaje importante de playas que, de otra forma, no cumplirán las funciones de protección y de uso turístico”.

  1. Cambios en la fauna, la flora y los cultivos

La subida de la temperatura también ha provocado cambios importantes en el paisaje y en los ecosistemas del territorio. Por ejemplo, la desaparición de los últimos glaciares y el retroceso de las especies forestales que crecen en ambientes fríos. “La mejor constatación de las consecuencias del incremento térmico queda evidenciada por el hecho de que ya no queda ningún aparato glacial visible en Catalunya y que en los sectores pirenaicos cercanos (Pirineo aragonés y de la Arieja) se encuentran claramente en retroceso: dos de los trece aparatos glaciales catalogados en 2008 se han extinguido”, explica el estudio.

Pirineu en Catalunya

Esto está afectando también a la vida humana, ya que la floración y la fructificación de los culticos ha cambiado de datos, y se han observado también cambios entre las especies marinas de pesca. Además, como recuerda el estudio, los organismos vivos y los ecosistemas no son meros objetos pasivos del cambio climático, sino que lo retroalimentan, ya que afectan a los procesos biogeoquímicos, como la función de los ecosistemas como embornales del CO2 atmosférico.

  1. El agua, preciado recurso

La falta de agua se perfila como el efecto del cambio climático más problemático en Catalunya. Aunque la precipitación media anual no ha variado significativamente desde 1950, lo que inquieta es que las proyecciones calculan una disminución del agua disponible del 13% en 2100. El calor hará que aumente la evapotranspiración (la suma de la evaporación y la transpiración vegetal, una fase fundamental del ciclo del agua) y reducirá las cantidades de agua disponible en un momento en que se espera que la demanda de agua por parte de bosques y regadíos sea superior.

El Montseny

Según consta “en el informe, que presenta cartografías inéditas de la disponibilidad futura del agua en Catalunya, las reducciones de disponibilidad de los recursos —o dicho de otra forma, de la escasez— se han cifrado en un 9,4% en las comarcas de los Pirineos, en un 18,2% en las interiores y en un 22% en las litorales, hecho que evidencia la importancia que el cambio climático tendrá en la disponibilidad hídrica y en la gestión”.

Para acabar, hacemos nuestras las palabras bien dichas por Martín Vide: “con solo un 0,1% de la población mundial, desde Catalunya no resolverems el problema del cambio climático; pero con el español y europeo, tenemos que contribuir a la consecución del reto global de no ultrapasar el umbral de los 2 °C de incremento de la temperatura respecto a la época preindustrial y, preferiblemente, de no ultrapasar los 1,5°C. Y — añadimos— esto lo hemos de hacer, también, por un imperativo ético de solidaridad planetaria”.